Investigación e Innovación, Publicaciones científicas
Un estudio internacional, liderado por la Universidad de Granada (UGR) y en el que participan investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), demuestra cómo los cadáveres de los animales aportan información que va desde el comportamiento individual de las especies hasta la propagación de enfermedades y la contaminación ambiental. El trabajo, publicado en la revista Biological Reviews y desarrollado por un equipo internacional de 39 investigadores adscritos a instituciones científicas de once países, sintetiza más de veinte años de avances sobre la ecología de la carroña.
En concreto, por parte de la UMH en este trabajo participan los investigadores del Área de Ecología Juan Manuel Pérez García y José Antonio Sánchez Zapata, así como la investigadora posdoctoral Lara Naves.

Los autores analizan qué gana la ciencia cuando incorpora la carroña a su forma de interpretar la naturaleza, desde el comportamiento individual de los animales hasta el funcionamiento de los ecosistemas y la evolución del propio ser humano. Según los académicos, la carroña ha sido tradicionalmente considerada un recurso secundario consumido solo por algunas especies concretas, como buitres y hienas. Sin embargo, los estudios recientes muestran que desempeña un papel mucho más amplio y profundo.
Según explica el profesor del Departamento de Zoología de la UGR e investigador de este trabajo Marcos Moleón, “los cadáveres animales generan puntos de concentración de nutrientes, organismos e interacciones biológicas que influyen fuertemente en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y acuáticos”.
La revisión revela que la carroña permite reinterpretar algunas ideas fundamentales en ecología. Por ejemplo, los firmantes del artículo revelan que existen numerosas formas de cooperación y facilitación mutua que dan lugar a la coexistencia de las especies que compiten por la carroña. También, destacan que la carroña influye en las poblaciones de herbívoros, contribuye a la estabilidad de los ecosistemas e incluso establece conexiones con redes ecológicas tan dispares como las de polinización, mediante relaciones que van mucho más allá de quién se come a quién.
Aparte de ser una nutritiva fuente de alimento, los cadáveres animales proporcionan materiales para la construcción de nidos, herramientas y ornamentos, funcionan como centros de información y comunicación entre individuos de la misma especie y sus restos ofrecen estructuras donde numerosas especies pueden asentarse y refugiarse.
“Estamos descubriendo que muchos procesos ecológicos no pueden comprenderse plenamente si se ignora el papel de la carroña”, explica Eneko Arrondo Floristán, investigador de la Universidad de Granada que coordina este trabajo junto a Marcos Moleón. “Al estudiar los animales carnívoros, durante décadas nos hemos fijado sobre todo en su faceta depredadora, pero reconocer que también pueden ser carroñeros acarrea consecuencias ecológicas de gran alcance”, añaden los científicos.
Los resultados de la revisión, también, muestran que las implicaciones de la carroña trascienden la ecología. En ciencias forenses, conocer con detalle los procesos de descomposición mejora la estimación del tiempo transcurrido desde la muerte. En epidemiología, comprender cómo diferentes especies utilizan los cadáveres ayuda a entender el papel de los carroñeros a la hora de reducir la propagación de enfermedades. En toxicología, determinadas especies carroñeras funcionan como excelentes centinelas de la contaminación ambiental.
El investigador Moleón recuerda que “la ecología de la carroña aporta nuevas herramientas para interpretar yacimientos arqueológicos y fósiles, comprender la evolución de los animales y replantear algunas hipótesis sobre el consumo de carne por parte de los primeros humanos”. También, ofrece nuevas perspectivas sobre el análisis de la percepción social de los animales carnívoros y los beneficios que los carroñeros proporcionaron a los antepasados del ser humano y que siguen proporcionando a las sociedades modernas. Además, este tipo de estudios brindan nuevas soluciones a problemas relacionados con el seguimiento y conservación de la biodiversidad.
La principal conclusión del trabajo es que la carroña no debe entenderse como un recurso marginal, sino como un componente central de los ecosistemas. Por ello, los autores proponen reconocer formalmente la ecología de la carroña como una disciplina científica diferenciada y presentan un marco conceptual que integra sus múltiples funciones ecológicas y su conexión con otras disciplinas. Los autores señalan que “lo más importante no es solo que hoy sepamos mucho más sobre la carroña que hace veinte años. Lo verdaderamente relevante es que estamos empezando a comprender hasta qué punto incorporar la carroña transforma nuestra visión del mundo natural y puede ayudar a responder preguntas fundamentales que hasta ahora permanecían incompletamente explicadas”.
Lejos de ser una simple anécdota biológica, la carroña emerge así como una pieza clave para comprender mejor la naturaleza y conectar disciplinas que durante mucho tiempo han avanzado por caminos separados.
Pie de foto: Un grupo de buitres africanos y alimoches sombríos se alimenta de un cadáver de jirafa. Uno de los buitres porta una marca alar identificativa. También se observa una de las cámaras de fototrampeo usadas por los investigadores. Foto: D. Redondo-Gómez y L. Naves-Alegre.
Referencia bibliográfica:
Moleón M., Sánchez-Zapata, J. A., DeVault, T. L., Getz, W. M., Morales-Reyes, Z.,Redondo-Gómez, D., Naves-Alegre, L., Batista-Nunes, S. A., Sebastián-González, E.,Pérez-García, J. M., Waters, K. A., van Overveld, T., Smith, C., Selva, N., Schlacher, T.A., Ruxton, G., Rodríguez, J., Quaggiotto, M.-M., Perrig, P. L., Owen-Smith, N.,Newsome, T. M., Navas, I., Nakashima, Y., Mateos, A., Martínez-Carrasco, C., Martín-Vega, D., Martín-López, B., Margalida, A., Lambertucci, S. A., Kane, A., Healy, K.,Hashizume, A., García-Fernández, A. J., Donázar, J. A., Benbow, M. E., Beasley, J. C., Barton, P. S., Alexander, K. A., Eneko Arrondo, E. 2026. Carrion ecology: concepts, interdisciplinary synthesis, and perspectives. Biological Reviews.
https://doi.org/10.1002/brv.70203
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Biotecnología Alimentaria es el título del libro recientemente publicado por el catedrático del Área de Tecnología de Alimentos de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) Daniel Valero y el investigador postdoctoral Vicente Agulló. El libro, publicado en la editorial McGraw-Hill Interamericana para su colección Aula Magna, consta de 19 capítulos que se han convertido en un manual de referencia para estudiantes de Grado y Máster en Biotecnología, así como en Ciencia y Tecnología de Alimentos.
Biotecnología Alimentaria nace de la confluencia de dos trayectorias estrechamente vinculadas a la UMH. Por un lado, se sustenta en los más de quince años de experiencia docente e investigadora del catedrático Daniel Valero, dentro del Grado en Biotecnología. Por otro lado, se enriquece con la perspectiva especializada de Vicente Agulló, doctor en Alimentos Funcionales y actual investigador postdoctoral. Ambos autores compaginan hoy en día su labor científica con la docencia en esta titulación y en el Máster Universitario en Tecnología y Calidad Agroalimentaria.

El primer capítulo del libro introduce al lector en esta disciplina, conocida actualmente como biotecnología amarilla, mientras que los restantes abordan la producción de alimentos y bebidas (como pan, productos cárnicos o vino), así como la obtención de aditivos, proteínas y enzimas. Además, la obra analiza las tendencias más vanguardistas del sector: desde el diseño de alimentos funcionales hasta nuevas fuentes nutricionales como los insectos o bebidas fermentadas como la kombucha. Para facilitar la comprensión, cada capítulo incluye esquemas, tablas, figuras descriptivas y una bibliografía actualizada.
Más información: https://editorialaulamagna.lantia.com/libro/Biotecnologia-Alimentaria
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Un estudio en el que colaboran investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) revela que la degradación de los bosques secos tropicales altera las comunidades de vertebrados carroñeros. La investigación, liderada por la Universidad de Alicante y publicada en la revista Biodiversity and Conservation, constituye una de las primeras evaluaciones cuantitativas del funcionamiento de comunidades carroñeras en los bosques secos tropicales del Sur de Ecuador, uno de los ecosistemas más amenazados del mundo.
El equipo científico ha monitorizado 60 carroñas en distintos estados de conservación del bosque mediante cámaras de fototrampeo. En total, han registrado 13 carroñeros vertebrados, de ellos seis mamíferos, seis aves y un reptil, con una estimación que podría alcanzar al menos las 17 especies. Los resultados muestran que los bosques mejor conservados albergan comunidades de carroñeros más diversas, ya que han detectado hasta 11 especies distintas, incluyendo aves como el buitre rey (Sarcoramphus papa) o la urraca coliblanca (Cyanocorax mystacalis). Por el contrario, en ambientes más degradados, los datos señalan comunidades simplificadas, dominadas por especies como el zorro de Sechura (Lycalopex sechurae), responsable del consumo de casi la mitad de las carroñas.

Por otro lado, el artículo pone de manifiesto que las carroñas desaparecieron más rápido en los hábitats degradados que en los bosques bien conservados. Según los investigadores, este resultado indica que algunas funciones ecológicas pueden mantenerse pese a la pérdida de biodiversidad, aunque sustentadas por comunidades más simples y potencialmente menos estables a largo plazo.
Los carroñeros vertebrados, aves, mamíferos y reptiles que consumen animales muertos, desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas al acelerar la descomposición de la materia orgánica, reciclar nutrientes y reducir la propagación de patógenos.
El artículo pone de relieve que los bosques mejor preservados actúan como refugio para especies sensibles y amenazadas, incluidas varias endémicas de la también conocida como región tumbesina situada en Ecuador y Perú.

Los autores advierten que la aparente eficiencia funcional observada en áreas degradadas no debe interpretarse como resiliencia ecológica, sino como una reorganización del ecosistema hacia comunidades más homogéneas dominadas por especies oportunistas. Los resultados subrayan la importancia de conservar bosques bien estructurados no solo para proteger la biodiversidad, sino también para mantener la complejidad y estabilidad de los procesos ecológicos que sostienen los ecosistemas.
El equipo de trabajo, liderado por la UA, ha contado con investigadores de la UMH, la Universidad de Granada y la Universidad Técnica Particular de Loja (Ecuador).
Referencia:
Orihuela-Torres, A., Naves-Alegre, L., Arrondo, E., Nole-Nole, D., Gutierrez-Morillo, F., Espinosa, C. I., & Pérez-García, J. M. (2026). “Consequences of forest degradation on vertebrate scavenger assemblages and functioning in a seasonally dry neotropical forest”. Biodiversity and Conservation, 35(3), 77 (2026). https://doi.org/10.1007/s10531-026-03289-w
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Un equipo liderado por el Área de Ecología y el Área de Edafología y Química Orgánica de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) ha colaborado en el estudio Dime quién muere y te diré cómo cambia el suelo, que revela el impacto desigual de la carroña en el suelo de los ecosistemas mediterráneos. En la investigación, publicada en la revista científica Journal of Animal Ecology y desarrollada en el Parque Regional de Sierra Espuña (Murcia), se ha descubierto que no todos los cadáveres contribuyen de la misma manera a la fertilidad del suelo, ya que la identidad del animal muerto determina la huella química que dejará en la tierra.

En el trabajo colaboran investigadores del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante (UA). Para entender cómo se recicla la materia orgánica en el entorno del Parque Regional de Sierra Espuña, el equipo de investigación monitorizó carroñas de dos especies muy diferentes: 20 zorros rojos (mesocarnívoros) y 19 arruís (grandes herbívoros). Mediante el uso de cámaras de fototrampeo y análisis de laboratorio, han comparado cómo respondían, tanto los animales carroñeros como las propiedades del suelo (pH, nutrientes, actividad microbiana) ante estos dos tipos de aportes de materia orgánica.
Según ha explicado el investigador predoctoral y autor principal del estudio Adrián Colino, «a priori, estas muertes podrían parecer ecológicamente equivalentes. Los restos de animales suponen un pulso de materia orgánica y nutrientes que desencadena grandes cambios en las propiedades del suelo”. La presencia de carroña en el suelo disparó la actividad microbiana y la concentración de fósforo en el suelo, un elemento limitante para el desarrollo de la vegetación. “Sin embargo, descubrimos que quién muere importa. Las carroñas de carnívoros y herbívoros cuentan historias muy diferentes», ha señalado
Uno de los hallazgos más sorprendentes contradice la intuición: aunque los arruís son mucho más grandes y aportan más biomasa, su efecto sobre la bioquímica del suelo es más efímero. El motivo tiene mucho que ver con los carroñeros, los animales que consumen estos cadáveres. Estudios previos del grupo de trabajo han observado que los carroñeros muestran preferencia por el consumo de carroñas de herbívoros frente a carnívoros. Este patrón de consumo tiene un efecto importante en el tiempo que permanecen las carroñas en el medio. Los grandes herbívoros son consumidos con rapidez, agotando el recurso en poco tiempo. Por el contrario, las carroñas de zorro, aunque de menor tamaño, son consumidas más lentamente y persisten más tiempo en el medio, alargando la interacción entre la carroña y el suelo.
El estudio, también, destaca el papel crucial de la comunidad de animales vivos que se alimenta de estos restos. Los resultados de la investigación señalan a los carroñeros como reguladores, generalmente ignorados, de procesos geológicos. Los carnívoros ejercen una influencia desproporcionada sobre el ecosistema, incluso bajo tierra y tras su muerte.
El trabajo ha sido parcialmente financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y ERDF a través de las ayudas CGL2017-89905-R, PID-2021-128952NB-I00, PID2023-14637NB-I00, RYC2019-027216-I y CNS2023-144791. Los coautores de estos trabajos han sido financiados por la Generalitat Valenciana y el Fondo Social Europeo Plus (ESF+), a través de las ayudas CIACIF/2023/324, APOSTD/2019/016, 2024-UNIVERS-12850 y por la Junta de Andalucía a través de la ayuda PREDOC_00262.
Acceso al artículo: Colino-Barea, A., García-Orenes, F., Morales-Reyes, Z., Gonzálvez, M., Martínez-Carrasco, C., Moleón, M., Redondo-Gómez, D., Marks, E. A. N., García-Carmona, M., Arcenegui, V., Huerta del Bosque, J. C., Orihuela-Torres, A., Soliveres, S., Albolafio, S., Sebastián-González, E., Sánchez-Zapata, J. A. (2026). Herbivore and mesocarnivore carcasses trigger divergent short-term changes in soil properties. Journal of Animal Ecology, 95(1). https://doi.org/10.1111/1365-2656.70214
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Un equipo internacional de investigadores, coordinado por el Departamento de Biología Aplicada de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), ha publicado el que se considera el primer estudio a gran escala con datos reales sobre la mortalidad de aves y murciélagos causada por aerogeneradores en Sudamérica. El trabajo, que analiza 15 años de datos en Chile (2009-2023), arroja luz sobre un impacto ambiental que hasta ahora apenas había sido cuantificado de forma sistemática en el Cono Sur.
La investigación, en la que también participan la Universidad de Alicante (UA) y la Universidad de Chile, ha documentado un total de 1.218 aves de 80 especies y 1.250 murciélagos de 6 especies fallecidos por colisión en 47 instalaciones eólicas. Entre los hallazgos más preocupantes destaca la muerte de nueve ejemplares de cóndor andino (Vultur gryphus), una especie catalogada como vulnerable por la UICN y de gran valor simbólico y ecológico para la región.

Este trabajo es pionero al sistematizar una década y media de registros en uno de los países líderes en inversión en energías renovables de Latinoamérica. Según ha señalado el investigador de la UMH y autor del estudio Juan Manuel Pérez García, «nos encontramos ante el primer trabajo que recopila y analiza datos de mortalidad real en Sudamérica, lo que nos permite identificar qué grupos de especies son los más afectados y qué factores ambientales influyen en estas colisiones».
El estudio subraya que la implantación de la energía eólica es fundamental para mitigar las emisiones de CO₂, especialmente en el actual contexto de inestabilidad energética regional. Sin embargo, los autores insisten en que esta transición debe ser compatible con la conservación de la biodiversidad. “Para mejorar la implantación de esta energía, es vital contar con herramientas científicas que guíen el diseño de estrategias de mitigación efectivas y protocolos de seguimiento robustos”, añade Pérez García.
El análisis revela una falta de estandarización en los métodos de monitoreo actuales. Por ejemplo, el estudio demuestra que los parques que realizan búsquedas diarias detectan significativamente más cadáveres que aquellos con revisiones menos frecuentes, lo que sugiere que la mortalidad real está siendo subestimada en gran parte de las instalaciones. Uno de los puntos críticos que destaca el estudio es la urgencia de implantar medidas de mitigación efectivas y probadas para reducir la siniestralidad. El 44% de los parques eólicos analizados no implementaba ninguna medida de mitigación. Los investigadores insisten en que para que la transición energética sea realmente sostenible no basta con instalar aerogeneradores, sino que debe integrar tecnologías y protocolos que eviten que las infraestructuras se conviertan en trampas ecológicas. “Por ejemplo aplicando estrategias como la parada temporal de las turbinas durante periodos de alta actividad de fauna o el uso de sistemas automáticos de detección de aves en tiempo real”, señala el profesor de la UMH.

Los resultados del estudio muestran que los accidentes en los parques eólicos chilenos están relacionados con factores ambientales como la distancia a la costa y la riqueza de especies local. Por otra parte, mientras que la mortalidad de las aves se mantiene constante a lo largo del año, la de los murciélagos presenta picos significativos durante la primavera y el otoño.
Con esta investigación, la UMH y sus colaboradores proporcionan una hoja de ruta para que tanto gobiernos como empresas del sector energético en Sudamérica puedan desarrollar infraestructuras eólicas más seguras para la fauna migratoria y residente, asegurando que el crecimiento de las renovables no suponga una amenaza silenciosa para ecosistemas únicos como el Desierto de Atacama o la Patagonia.
Referencia del artículo:
Santander, F., Morant, J., Pérez-García, J.M. (2026). Bird and bat mortality at wind farms in South America: Lessons from monitoring and mitigation practices in Chile. Journal of Environmental Management, 398, 128420. https://doi.org/10.1016/j.jenvman.2025.128420
Fuente imágenes: Ignacio Fernández.
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[:es]Un equipo científico conformado por investigadores de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, la Universidad de Granada, la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Alicante ha descubierto que los buitres presentan patrones de alimentación distintos según el lugar donde crían, independientemente de los recursos disponibles. Estas conclusiones indican que los buitres adquieren preferencias alimentarias distintas a través de la transmisión cultural entre los individuos de una misma población. Anteriormente, se creía que los buitres eran especies oportunistas que consumían cualquier tipo de carroña sin distinción.
El estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society, revela que los buitres, al igual que los seres humanos, tienen preferencias alimentarias basadas en su ubicación o grupo de pertenencia. El equipo científico, liderado por el investigador Eneko Arrondo, realizó una investigación a escala individual sobre la dieta de los buitres, en lugar de enfocarse en la población en su conjunto como se había hecho anteriormente. Utilizaron dispositivos GPS y acelerómetros para rastrear la ubicación y los lugares de alimentación de los buitres marcados. A partir de esta información, reconstruyeron su dieta.
El estudio reveló diferencias en las preferencias alimentarias entre los buitres machos y hembras. Los machos mostraron una preferencia por recursos vinculados al ser humano, como la ganadería intensiva y la basura, mientras que las hembras fueron más propensas a alimentarse de recursos menos predecibles, como restos cinegéticos o ganadería extensiva. Estas diferencias también fueron evidentes entre las dos poblaciones estudiadas en Navarra y Jaén.
Una de las hipótesis planteadas para explicar esta conducta es que los machos son más confiados y se arriesgan más a alimentarse en entornos humanizados o peligrosos, mientras que las hembras son más prudentes. El equipo planea realizar futuros estudios para corroborar esta hipótesis. Además, se descubrió que las preferencias alimentarias se mantuvieron incluso cuando los individuos compartían espacio en las mismas áreas, lo que demuestra la influencia de la transmisión cultural entre los buitres de una misma población.
Estos hallazgos desafían la creencia anterior de que los buitres eran especies oportunistas y demuestran que tienen preferencias alimentarias específicas. Este avance en la tecnología de seguimiento individual ha permitido una mejor comprensión de la ecología de estas especies, que resulta ser más compleja de lo que se pensaba. El estudio contribuye a ampliar el conocimiento sobre la ecología trófica de los buitres y su papel como importantes carroñeros en los ecosistemas rurales.
Referencia: Eneko Arrondo, Esther Sebastián-González, Marcos Moleón, Zebensui Morales-Reyes, José María Gil-Sánchez, Ainara Cortés-Avizanda, Olga Ceballos, José Antonio Donázar and José Antonio Sánchez-Zapata. Vulture culture: dietary specialization of an oblígate scavenger. Royal Society Publishing. https://doi.org/10.6084/m9.figshare.c.6622035[:]